Japón es una de las primeras potencias económicas del mundo, así como uno de los principales destinos turísticos. Los samuráis, el manga, las geishas y el karaoke son sólo algunos de los iconos más reconocidos de este país oriental de tradiciones milenarias. También es un lugar particularmente interesante para el estudio de los riesgos naturales, aunque ello no sea motivo de satisfacción para sus habitantes. Se trata de un archipiélago de cientos de islas con numerosos volcanes. También es una zona de intensa actividad sísmica, y la población vive entrenada para protegerse de los terremotos. Uno de los últimos más devastadores fue el responsable de la catástrofe de la central nuclear de Fukushima el 11 de marzo de 2011, no necesariamente por el terremoto en sí, sino por sus consecuencias.
En las escuelas del Japón, los simulacros contra terremotos se realizan cada año; en España, por el contrario, son bastante raros: no tenemos erupciones volcánicas (en la península) ni un gran número terremotos de magnitudes intensas como sí nuestra vecina Italia u otros países de habla hispana como Chile o Ecuador. ¿A qué se debe que la civilización nipona se coma tantos terremotos violentos? Y, lo que es más interesante, ¿cómo les ha hecho frente? ¿Puede la tectónica de placas tener implicaciones para la salud de las personas o condicionar el crecimiento de sus ciudades?
¿Qué es un terremoto?
Por terremoto se entiende, básicamente, una sacudida del terreno producida por un movimiento brusco y repentino de la corteza terrestre. Las causas de estos movimientos son más diversas de lo que podría parecer y, de hecho, algunas prácticas mineras como el controvertido fracking pueden inducirlos. Sin embargo, los terremotos que ocurren en buena parte del mundo se deben a tensiones acumuladas en la corteza que se liberan de forma tan brusca como impredecible.
Los terremotos son ondas de energía que se propagan a través de las rocas una vez el punto donde esa energía estaba acumulada cede. Entre estas ondas, algunas se propagan a través del interior del planeta y otras se expanden por la superficie terrestre, siendo éstas últimas las más peligrosas en cuanto a nivel de destrozos. Por esta razón, la profundidad a la que suceden los terremotos (dicho de otro modo, la posición del hipocentro o punto iniciador) es clave en cuanto al daño que pueda causar un movimiento sísmico a partir del punto donde se siente en la superficie (o epicentro).
Para estudiar los terremotos se utilizan aparatos conocidos como sismógrafos, que registran los diferentes tipos de vibraciones detectados en la superficie de la Tierra. Los científicos que se dedican al estudio de los terremotos se encuentran repartidos en estaciones sismológicas ubicadas alrededor de toda la tierra seca, y es bastante frecuente que un terremoto de gran intensidad pueda iniciarse en Alaska y ser registrado en nueva Zelanda.
Para estudiar los terremotos se utilizan aparatos conocidos como sismógrafos, que registran los diferentes tipos de vibraciones detectados en la superficie de la Tierra. Los científicos que se dedican al estudio de los terremotos se encuentran repartidos en estaciones sismológicas ubicadas alrededor de toda la tierra seca, y es bastante frecuente que un terremoto de gran intensidad pueda iniciarse en Alaska y ser registrado en nueva Zelanda.
¿Por qué hay terremotos en Japón?
Japón se encuentra en una zona particularmente peligrosa a nivel tectónico: el límite en el que la placa del Pacífico se junta con el este de la placa Euroasiática y, entre ambas, una pequeña parte de la placa Filipina. Los límites que se establecen entre estas placas son todos del mismo tipo, debido a que los fragmentos de litosfera que se encuentran son de naturaleza oceánica, finos y compuestos en su mayoría por sedimentos y por rocas magmáticas básicas de alta densidad.
Este tipo de límites en los que dos o más placas se juntan se conocen como límites convergentes, y cuando hay litosfera de baja densidad implicada, se produce la subducción de ésta por debajo de la placa menos densa.
El caso de Japón es un poco más enigmático en tanto que se trata de lo que constituye a día de hoy una de las cosas más misteriosas de la tectónica de placas: los puntos triples, o zonas donde interaccionan tres placas. Todas las placas tectónicas contactan entre ellas de tres en tres por algún punto de su extensión (curiosamente, no hay intersecciones entre cuatro, cinco o dos placas; siempre tres) y hay multitud de combinaciones posibles. En el caso de Japón, todas las islas que lo componen se sitúan en un punto triple de límites convergentes. Además, la placa Eurasiática se encuentra fragmentada en microplacas (como se puede observar en el esquema tectónico), de forma que en Japón existen, en realidad, dos puntos triples.
El monte Fuji, uno de los volcanes más emblemáticos de Japón, se encuentra muy próximo a la base del triple cruce entre la placa Filipina y las micro-lacas Amur y Ojotsk de la placa Euroasiática. La ciudad de Tokio, por su parte, se encuentra en un límite neutro que intersecta con este punto triple y el que se forma entre la placa Pacífica, la Filipina y la microplaca de Ojotsk.
Toda la placa del Pacífico, debido a su naturaleza oceánica, tiende a subducir en la mayor parte de sus contactos con las demás placas, dando lugar a una orla de volcanes de numerosos tipos, el conocido "anillo de fuego del Pacífico", del que Japón forma parte. Por supuesto, ello está acompañado de numerosos seísmos.
En realidad, es precisamente la subducción de litosfera oceánica bajo una placa de la misma naturaleza la que ha formado Japón. En este tipo de límites, algunos materiales que forman la corteza oceánica empiezan a fundirse conforme se sumergen y aumentan de temperatura. Ello se traduce en la formación de magmas que ascienden de nuevo a la superficie, dando lugar a volcanes que conforman archipiélagos a lo largo de todo el límite entre litosferas oceánicas: los conocidos como arcos-isla. Al mismo tiempo, la fricción de las placas subducidas al moverse genera, precisamente, los terremotos.
Toda la placa del Pacífico, debido a su naturaleza oceánica, tiende a subducir en la mayor parte de sus contactos con las demás placas, dando lugar a una orla de volcanes de numerosos tipos, el conocido "anillo de fuego del Pacífico", del que Japón forma parte. Por supuesto, ello está acompañado de numerosos seísmos.
Los terremotos se producen, en realidad, en cualquier tipo de límite: tanto en los que las placas tectónicas se separan (límites divergentes) como en los que se encuentran (límites convergentes) o en los que simplemente resbalan (límites neutros). En los límites convergentes, los terremotos suelen ser profundos, acompañados de vulcanismo intenso; en los límites neutros o pasivos, a pesar de su nombre, los terremotos pueden ser devastadores, debido a que el desgarre ocurre en superficie.
Por si fuera poco, debemos de añadir el agravante de que los terremotos que se producen en el mar pueden levantar grandes masas de agua que se traduzcan lo que los japoneses (¿cómo no?) han denominado "tsunamis", o enormes olas que arrasan la costa. Fue, de hecho, el tsunami
Por si fuera poco, debemos de añadir el agravante de que los terremotos que se producen en el mar pueden levantar grandes masas de agua que se traduzcan lo que los japoneses (¿cómo no?) han denominado "tsunamis", o enormes olas que arrasan la costa. Fue, de hecho, el tsunami
Construir centrales nucleares en Japón, teniendo el mapa tectónico del país delante, es entonces, podría decirse que es un gesto cuanto menos temerario. Sobre todo si se construyen en la costa este, como están construidas la central de Onagawa, la de Tokai o las de Fukushima.
El hecho de que la placa Pacífica se encuentra todavía a día de hoy subduciendo por debajo de la placa Euroasiática. Tampoco parece buena idea poner la capital del país sobre un límite neutro.
Japón tiene el dudoso honor de ser considerada la zona con más jaleo sísmico del planeta; de los últimos terremotos importantes ocurridos en la última década, el 20% han sucedido en Japón. Además, el país tiene más de cien volcanes activos. No podía ser de otra forma, ya que Japón está donde está precisamente por que las fuerzas que lo originaron lo levantaron a partir de seísmos y magma. Las tierras enriquecidas con cenizas de lava son muy ricas y productivas a nivel de agricultura, razón por la cual, tal vez, los nipones y tantos otros pueblos se hayan arriesgado a vivir en zonas tan peligrosas.
A día de hoy, sin embargo, deben tenerse en cuenta esta condición geológica a la hora de construir y explotar ciertos recursos como son las centrales nucleares o la construcción de grandes urbes. Mecanismos arquitectónicos como revestimientos de acero o sistemas de amortiguación para evitar que los edificios se balanceen o sistemas de detección de movimientos del fondo oceánico, como el sistema de boyas Iridium, para alertar de la posibilidad de sufrir un tsunami de forma inminente son algunas de las que los japoneses se han visto obligados a tomar. No obstante, el riesgo nunca es cero. Los daños que provocó el terremoto que provocó el desastre de la central de Fukushima todavía se sienten hoy en día, no tanto a nivel de infraestructuras como en el impacto en el medio ambiente y la salud de los civiles: cáncer, erupciones cutáneas, hemorragias, dolores. Ello sumado al riesgo que supone vivir en construcciones que deben resistir terremotos y tsunamis.
Al final, la vida de las personas no deja de estar vinculada a procesos tan lentos y aparentemente abstractos como lo es el paradigma de la tectónica de placas. El planeta Tierra ha propiciado que aparezca la vida, pero no podemos ser ajenos al hecho de que es, al mismo tiempo, un lugar hostil al que se le da muy bien amenazarla. En la medida en la que los pueblos seamos conscientes de la Geología de nuestra región, mayor será nuestro éxito para desarrollarnos sobre ella.
FUENTES Y REFERENCIAS
- CARENAS FERNÁNDEZ, M.B.; GINER ROBLES, J.; GONZÁLEZ YÉLAMOS, J.; POZO RODRÍGUEZ, M. (2014) Geología. Paraninfo. Madrid
- POCH, A. (2011) Los sistemas de seguridad contra terremotos y tsunamis en Japón. United Explanations. [consultado el 16 de junio 2017] Disponible en http://www.unitedexplanations.org/2011/03/17/especial-japon-los-sistemas-de-seguridad-contra-terremotos-y-tsunamis-en-japon/
- SEGAWA, M. (2016) Las secuelas de Fukushima cinco años después. El Mundo. 3 de junio 2016. [consultado el 16 de junio 2017] Disponible en http://www.elmundo.es/ciencia/2016/03/07/56dc7dc346163f13128b459b.html









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