lunes, 29 de mayo de 2017

El ritmo del corazón

Es muy frecuente que cuando nos referimos al funcionamiento de cualquier órgano lo comparemos con una máquina: que si los huesos funcionan como palancas, los músculos, como muelles... que si las venas y arterias son como cañerías, que si el cerebro es una computadora... y todo este robot que somos estaría irrigado por un circuito de aceite (?) impulsado por una bomba propulsora y de succión: el corazón.

Este órgano mantiene la sangre en circulación a lo largo y ancho de todo nuestro cuerpo a través de una intrincada red de canales o vasos sanguíneos,  desde los que miden centímetros  como la arteria aorta que sale del pecho o la yugular que sube por el cuello, hasta los que tienen menos de un milímetro de diámetro. A través de la sangre llega el oxígeno que respiramos y los nutrientes que comemos a todas las células de nuestro cuerpo, manteniéndonos vivos. Si el corazón se para, el circuito de irrigación deja de funcionar y todos los demás sistemas se apagan con él. 

Tendemos a infravalorar, o por lo menos a no darnos cuenta de las cualidades de nuestro cuerpo, y es que el corazón es una máquina de una pasmosa perfección; es un órgano musculoso que palpita sin ningún tipo de descanso, contrayéndose y relajándose por partes, de manera rítmica sin pararse ni fatigarse ni una sola vez. Puede hacerlo décadas sin fallarnos; desde la cuarta semana del embarazo hasta nuestra muerte. En personas que han vivido más de cien años estamos hablando de un corazón que jamás se ha parado en un siglo, ni siquiera medio minuto de relax... 

Cualquier motor o máquina que los seres humanos hayamos inventado acaba necesitando reparación cada cierto tiempo; un corazón sano, en ese sentido, es una obra de ingeniería mucho mayor que cualquier coche, puente o nave espacial. Sin embargo, el funcionamiento del corazón humano no ha sido fácil de desentrañar; aún a día de hoy sigue siendo difícil  ver cómo trabaja por dentro. ¿Cómo funciona exactamente? ¿Es realmente tan resistente? ¿Qué lo hace tan especial?

¿Qué pinta tiene un corazón?

Los corazones humanos, como los de la presumible mayoría de los mamíferos, constan de cuatro cámaras: dos ventrículos inferiores y dos atrios o aurículas superiores, y diferenciados en lado derecho y lado izquierdo (ojo al dato: esta descripción se puede aplicar a más mamíferos pero no vale para el resto de animales). Entre atrios y ventrículos del mismo lado se interpone una válvula que impide que la sangre que pasa del atrio al ventrículo haga el camino de vuelta. Un tabique muscular separa la porción izquierda de la derecha, lo cual es de vital importancia, ya que la sangre que maneja el ventrículo izquierdo no tiene que ver con la sangre que maneja el ventrículo derecho y sería fatal para nosotros que se mezclara.

En el cuerpo humano hay dos circuitos conectados al corazón: un circuito general que transporta la sangre cargada de oxígeno a los órganos y devuelve sangre cargada de dióxido de carbono al corazón y un circuito pulmonar que lleva éste último tipo de sangre a los pulmones, donde liberará el residuo y se cargará de oxígeno de nuevo.

Más detalladamente, y como ilustra el siguiente esquema del sistema circulatorio humano, el lado derecho del corazón maneja la sangre desoxigenada: la sangre que ha recorrido todo el cuerpo y que está cargada de dióxido de carbono (un producto de desecho de la respiración de las células) vuelve al corazón a través de la vena cava y sus ramificaciones. En los dibujos se suele representar de color azul debido a que la sangre sin oxígeno es más oscura que la sangre oxigenada (de un rojo más vivo). Del ventrículo derecho (tu derecha) del corazón sale la arteria pulmonar, dirigida como su nombre indica a los pulmones, donde la sangre se desprende del dióxido de carbono y capta oxígeno nuevo. Vuelve entonces al corazón por las venas pulmonares y desemboca en el atrio izquierdo, de donde pasa al ventrículo izquierdo (la porción con más fuerza) y de ahí es propulsada a través de la arteria aorta a todos los recovecos del cuerpo para repartir el oxígeno captado y extraer los desechos del metabolismo celular.


A menudo habrás oído que tenemos el corazón desplazado hacia la izquierda; esto en realidad no es así: el corazón está en el centro del pecho, aunque el bum-bum se siente más fuerte en nuestro lado izquierdo, ya que el ventrículo izquierdo, que debe propulsar la sangre que le llega cargada de oxígeno de los pulmones al resto del cuerpo, es más grande y fuerte que el ventrículo derecho, que solo necesita ejercer la potencia suficiente como para propulsar la sangre desoxigenada a los pulmones.

Esto es, muy básicamente, en qué consiste el sistema circulatorio humano. Sin embargo, para realizar este trabajo incansable y a la vez de forma autónoma el corazón en sí mismo funciona por un ciclo de contracción y relajación controlado eléctricamente.

Un corazón humano en reposo se contrae una media de 70 veces por minuto aprox., aunque el de un niño pequeño puede hacerlo al doble de velocidad. Las aurículas y los ventrículos alteran su volumen por pasos de contracción y relajación acompasados impulsando con fuerza la sangre a través de las válvulas que separan las cámaras. Es el sonido de las válvulas al cerrarse (primero las válvulas auriculo-ventriculares y luego las válvulas aórtica y pulmonar, como ves en este gif animado de la izquierda) lo que da lugar a los tonos cardíacos que puedes escuchar poniendo tu oído en el pecho de alguien.

Puedes ver un gif. animado de un corazón real latiendo clicando aquí (no lo mostramos directamente en el artículo ya que entendemos que no a todo el mundo le agrada la imagen de una víscera).

¿Qué hace latir un corazón?

Un corazón es fundamentalmente músculo. Es decir, está formado por células especializadas en contraerse y relajarse. Sin embargo, a diferencia de los músculos que constituyen nuestras piernas o nuestros brazos, el músculo del corazón se contrae de forma rítmica e involuntaria. En general, para que los músculos se contraigan y se relajen necesitan que alguien les ordene hacerlo en forma de señales eléctricas. Mientras que nuestros movimientos voluntarios (como los que estoy realizando yo mismo para pulsar las teclas del teclado y escribir todo esto) están controlados por un sistema de neuronas que se conecta con el cerebro, lo sorprende del corazón es que cuenta con un sistema eléctrico propio de células nerviosas que se activan y calman de forma sincronizada entre ellas.
 
Hablar de todo el mecanismo de autoexcitación y transmisión del impulso nervioso a través de la red de fibras que se ramifican ordenadamente por la anatomía del corazón sería excesivo, así que quédate con que el impulso nervioso que contrae primero un pedazo (las aurículas) y luego se extiende al otro (a los ventrículos) de forma rítmica, se origina en un grupito de células (el nódulo sinoauricular) que se encuentra inmerso en la aurícula derecha. Estas células se excitan a sí mismas cíclicamente generando un impulso nervioso que contrae las aurículas; inmediatamente dicho impulso se conduce hasta un nuevo nódulo ramificado a nivel de los ventrículos, de tal manera que se éstos contraen y, así, la impresión es que el corazón se contrae por piezas.

Debido a su relativa autonomía, gracias a que dispone de su propio marcapasos, el corazón puede latir aun siendo extraído del pecho siempre que sus músculos estén bien aprovisionados de oxígeno para funcionar (para muestra, este otro gif. animado, que si eres muy escrupuloso/a no tienes necesidad de ver). En su estado natural, este oxígeno lo suministran las arterias coronarias.

Ahora bien, el corazón no late siempre al mismo ritmo. Es más, la mayor parte de las veces ni te acuerdas de él. Esto sólo pasa cuando te dan un buen susto... cuando te pegas una carrera... o cuando te enamoras. ¿Por qué se nos acelera el pulso cuando tenemos miedo, cuando pasamos un gran esfuerzo o nos sentimos enamorados? ¿Cómo sentimos entonces felicidad incontrolable, emoción, miedo o amor en el pecho si en realidad todo esto está pasando en nuestra cabeza?

¿Por qué el corazón no late siempre igual?

La respuesta a todas estas preguntas se resuelven al considerar a nuestras viejas amigas, las hormonas (siempre metidas en todas las situaciones embarazosas de nuestra vida, ¿verdad?). En realidad el concepto de hormona es un poco elástico y algunas de las sustancias que realizan la función de hormona tienen también algunos trabajos adicionales, como el de funcionar de neurotransmisor (que es lo que utilizan las neuronas para comunicarse entre ellas en las pequeñas distancias que la separan). A pesar de que el corazón tiene un metrónomo propio, el sistema nervioso puede modificar su ritmo en función de las necesidades que observe gracias a la liberación de pequeños whatsapps químicos de este estilo.

Una de las principales hormonas que intervienen en la modificación del ritmo cardiaco es la adrenalina, una molécula que se libera desde unas glándulas que sitúan sobre los riñones y está relacionada, entre otras cosas, con respuestas de lucha o huida cuando el sistema nervioso siente que acecha algún peligro o hay alguna amenaza. La adrenalina y sus parientes están involucradas en que sientas el peligro y eches a correr, con la suerte de que tu pulso se acelera para suministrar el oxigeno y los nutrientes necesarios a los músculos de tus piernas en la huida.

Otras hormonas te hacen sentir placer cuando ves a la persona amada y la emoción te embarga, con el consecuente aumento del ritmo cardíaco debido a la adrenalina o la dopamina liberadas por instrucción del sistema nervioso...

En el tiempo que llevas leyendo este artículo, que no habrás tardado mucho más de cinco minutos, tu corazón habrá latido más o menos unas 350 veces, bombeando aproximadamente 28 litros de sangre (tendrás entre 4,5 y 6 litros en todo tu cuerpo, depende de lo corpulento/a que seas), y esperamos francamente que lo siga haciendo por muchos años. Quizás te has llevado la mano al pecho para comprobar si es cierto que late más fuerte en el lado izquierdo (aunque dicen que la mejor zona para tomar el pulso es a ambos lados del cuello). Puede que hasta seas un superviviente y el corazón que tengas ahora mismo dentro no fuera originalmente tuyo y hayas recibido un trasplante con éxito de alguien a quien... bueno... no iba a hacerle falta más. Nunca lo verás palpitar y aun así lo llevarás contigo hasta el final... si te haces donante y en verdad es un buen corazón... ¡incluso podría seguir latiendo por mucho más tiempo!

A lo largo de tu ajetreada vida, tu inseparable bomba tendrá que soportar todos los desamores y todas las fritangas colesteroladas que le quieras echar hasta que se vea incapacitado para seguir. Aprovecha bien sus latidos... come más sano y si puedes haz un poco de deporte para él... no dejes que te lo roben ni que te lo rompan. Tú dependes de él y él sólo depende de ti.


FUENTES Y REFERENCIAS:
  • VV.AA. (2009). Atlas ilustrado de fisiología humana. Susaeta Ediciones.
  • GARTNER, L.P.; HIATT, J.L. (2011) Histología básica. Elsevier Saunders.
  • GUYTON, A.C.;  HALL, J.E. (2012) Compendio de fisiología médica. Elsevier Saunders.
  • HILL, R.W., WYSE, G.A.; ANDERSON, M. (2006). Fisiología Animal. Ed. Panamericana

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